lunes, 10 de marzo de 2008

ALONSO QUIJANO


Así se llamaba Don Quijote. A fe que le pediría al hidalgo caballero su lanza, para arremeter contra mis molinos particulares. Los responsables de perturbar la paz de mi hogar. Contra aquellos que atentan contra mi libertad. Contra los que impiden un deseo tan sencillo como el de ver la dichosa televisión a un volumen determinado. No hablo de mi familia, ni de mis vecinos, ni siquiera de la autoridad competente. Hoy quiero elevar mi más furibunda expresión de odio, hacia quienes elevan el volumen de la emisión cada vez que entra un bloque publicitario.


Vaya por delante que el tribunal de la competencia, sección mala praxis "conchabada", debería intervenir por la vía administrativa, y sancionar de inmediato a todas las cadenas de televisión españolas. No es de recibo que elijas el volumen que te dé la gana para oír el programa que te apetezca, y que los operadores boicoteen la paz de tu hogar, con una subida espelenuznante de decibelios cada vez que dan paso a sus cortinillas de publicidad y al posterior chorreo de anuncios.


Lo siento. Me niego a admitir esta burda manipulación de mis tímpanos. Es tal el enfado que me produce que he borrado de mi lista de consumo a todos aquellos anunciantes que se prestan a ocupar los primeros lugares de cada estridente bloque publicitario. La programación la elegirán ellos, el volumen yo. Así que, con este post cual Sancho Panza, elevo la voz para proclamar la libertad del televidente ante la dictadura de los bellacos operadores.


ABAJO LA OPRESIÓN DECIBÉLICA.

3 comentarios:

Matoses dijo...

Interesante prosa, querido Burulisto.
Pero estamos en una sociedad libre, liberal, libertaria y libertina. Por ello, usted es que debe elegir premiar con su mando a distacia o su lista de la compra a quien convenga su parecer.
Las reglas del juego son así y las siestas frente al televisor encendido nunca van a volver a ser lineales y relajadas.

BURULISTO dijo...

Es por ello que castigados están. Desde mi libertad. Totalmete castigados, amigo Matoses. Bienvenido a esta su casa.

Anónimo dijo...

Cómo es la ira de una siesta frustrada...