
Patatas con miel. Mucha miel es la que se repartieron ayer entre uno de los candidatos a la presidencia y uno de los auto proclamados portavoces del pueblo llano, en forma de periodista deportivo.
El señor candidato acudía a la llamada de su hertziano amigo, para dar cuenta de las determinaciones que tomaría, en caso de ganar las elecciones, con respecto al guirigay organizado entre Ángel María Villar, Blatter y la legalidad vigente. Por momentos, hasta pareció olvidarse de esa pose forzada de los políticos, cuando habló de sus inclinaciones futbolísticas, o de si su esposa le aconseja o no con las camisas. En definitiva la de anoche podría haber sido una entrevista más de la larga nómina que lleva a sus espaldas cualquier candidato, a 48 horas vista del fin de la campaña. Hasta una buena entrevista si me apuras.
Sin embargo los políticos, más aún si son de la misma cuerda que los locutores, desprenden una extraña luz cegadora que invita a echar sapos y culebras sobre su rival, cual Torquemada de los impíos y pecadores. Desde su púlpito radiofónico, el conductor del programa se pegó un revolcón por el cieno electoral, y dedicó cinco minutos del prime time deportivo a poner a caldo al otro candidato, a mayor gloria de su invitado.
El problema es que la rabia de su homilía, soltaba un tufo a frustración mareante. Y digo frustración porque, en su vanidad infinita, el presentador había soñado con ser el anfitrión del tercer cara a cara electoral del curso. Para ello, y con las excusa de la afrenta de Villar al ordenamiento jurídico, cursó invitación a los dos líderes políticos. Pero esta vez la liebre no cayó en la trampa; y el cazador; que ya se imaginaba con un medalla de oro de gafas y barba colgado de su estudio, se tuvo que conformar con sacar el tarro de miel para compartirlo con su amigo.
VUELVE SÚPER, DE BUTANO, DE AZUL O DE BLANCO. PERO VUELVE

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